Es un intento.
Quiero su opinión Honesta.
Los beso a cada uno.

· Provocaciones
Iba toda la gente más culta e imprescindible, no contaban con retrasos. En sus mentes se divisaban autores enigmáticos, místicos y provocaban curiosidad para cada miembro que entraba al museo. Las imágenes alteraban el paisaje, la audiencia miraba, estaban los muros de costado a eslabón oscuro pidiendo ser rasgados sin decir nada ante los ojos del público. Se paseó un poco más mi intelectualidad sobre la pasarela, miraba el reloj, la hora palpitante. Un mundo de simbolismos, la autoridad de pasajeros que entraban y salían, el encuentro eufórico me desvestía lentamente.
Llegó a la escena del crimen no sé, de mis brazos o del vino blanco inamovible aromatizado pigmentado en nuestras piernas. Nos movimos del teatro, de cada distraído miembro que nos saludaba con una seña, de los animales construidos bajo pilares sin justicia y de pronto despegamos.
Los espejos nos besaban, su espalda se teñía con el aliento de las caricias que llegaban a la cima de cada espacio, mientras su rostro bajaba hacia mi ombligo y nos conocíamos más de frente. Captamos la esencia de las sonrisas en aquel estado lleno de frenesí, de manos que fabricaban especies convertidas adjuntándose en el cuello, mirándonos desde afuera hacia adentro, partiendo de las membranas y de súbito calando con formas de partituras genéticas. Era un vuelo sedoso infatigable. Hacia la pérdida del inconciente nos llevaban nuestros labios. Recordé en mi memoria lo anterior, lo del pasado, y me daba asco aquella saliva equidistante que nos proporcionaba placer. La vi de lejos insalubre pero era de ella y todo me parecía bello si la besaba. Observé sus sentidos remotos con atención. Encendimos la radio para crear más ambiente, más todavía. Calurosa se sentó sobre mis dedos, yo la seguía contemplando suspendida en mis brazos.
Nuestro amor es fruto de cada insospechable visita nocturna memorable que nos prometemos siempre después de besarnos, de dejar caer los tragos amargos, luego de los gemidos entre aguas pervertidas, ahí me despido con un beso errante que quisiera fotografiar con las manos de alguien que nos viera. Una pierna se queda y un movimiento brusco quiebra nuestro idilio.



